Habitualmente las comidas de Navidad se celebran juntando a compañer@s de las diferentes secciones de trabajo, grupos de jubilad@s y Colectivos surgidos por la coincidencia laboral durante muchos años en las zonas de trabajo de las distintas factorías.
En algunos casos se difunden y
comparten fotos en las redes sociales, lo cuál amplifica la difusión de los
encuentros propiciando saludos y comentarios favorables para las personas que
aparecen en las imágenes.
Este año el compañero Antonio Aguilera
ha publicado un reportaje de fotos con un emotivo texto sobre el Encuentro de
la sección sindical de CC.OO. de Tablada que se celebró el día 18 del mes en
curso. Lo difundo a continuación:
reoptsnSod95573e1m0ap2:381aa r s a5g1d014i1i09f d68 mmig10i11g286al12a.c0tehlb.h e ·(enlace a la publicación)
Compañeras
y compañeros, en estas Navidades, al reunirnos, es inevitable hablar de
memoria, de poder colectivo y, sobre todo, de futuro. Pero no desde la
nostalgia, sino desde lo vivido, desde lo compartido, desde lo que nos ha
traído hasta aquí. Porque Comisiones Obreras no se explica sin personas que, en
su momento, entendieron que organizarse no era cómodo, pero sí necesario. Que
los derechos no caían del cielo. Y que el miedo, cuando se comparte, pesa
menos.
Esa
es la memoria que importa. La que no se guarda en un cajón. La que se practica.
Y desde ahí, hablemos del poder, sin miedo a la palabra.
CCOO
siempre ha tenido poder. No el del despacho, sino el de estar, el de aguantar,
el de decir “hasta aquí” cuando hacía falta. Un poder colectivo, a veces incómodo,
pero profundamente útil.
Nada
de eso existiría sin sustrato, sin suelo firme. Ahí están Saborido, Paco Acosta
y Miguel Nogales, Tejada, Raya, Jaime… y nuestro Pepe García, con perdón, a
quien siempre querré y admiraré. No como pasado cerrado, sino como una forma de
hacer sindicalismo con firmeza, con cercanía y con verdad.
Ellos
hicieron suelo. Y cuando hay suelo, se puede caminar. Sobre ese suelo vinieron
otros. Ricardo y Baus, leyendo bien los tiempos, sujetando cuando tocaba
sujetar y empujando cuando era necesario empujar. Y después, con naturalidad,
Raúl y quien os habla, Aguilera. No como final de nada, sino como parte del
hilo. Porque aquí nadie empieza desde cero y nadie camina solo.
Y
en esa misma lógica de continuidad quiero mantener un momento especial para
saludar y reconocer a mi compañero José Antonio Ortega, “El Niño”. Siempre
cercano, siempre comprometido, una pieza importante en este camino colectivo.
Tu esfuerzo, tu presencia y tu energía nos recuerdan que CCOO se sostiene en
personas como tú.
Para
mí, esa continuidad se entiende muy bien mirando a mi amigo Alfonso, que ha
sido llamado a las alturas. No a desaparecer, sino a asumir un cargo mayor, a
seguir empujando desde otro lugar.
Cuando
alguien como Alfonso da ese paso, la organización no se debilita: se ensancha.
Y la continuidad sigue clara en Roberto y Manuel. Sí, ahora es vuestro tiempo.
No porque otros se vayan, sino porque habéis llegado. Porque habéis estado,
habéis aprendido y ahora asumís.
Como
es también el tiempo de mi amiga Ana, de mi amiga Adela y de mi amigo Escobar.
Personas distintas, miradas distintas, pero una misma manera de entender el
sindicalismo. Todo un placer caminar con vosotros.
Hoy
quiero tener también un recuerdo sincero para quienes, por motivos diversos, no
han podido estar aquí: Para Pepillo, algo griposo. Y para quienes siempre
están, aunque no puedan venir. Y muy especialmente para mi amiga María del
Carmen, siempre presente en lo esencial aunque, Dios mediante, hoy ausente y,
aunque no creyente, goza de lo reservado a los que han sido buenos o buenas en
el buen sentido de la palabra marcharina; en ello confío, en el merecido cielo
reservado a aquellas personas que aquí lucharon por los demás. Faltan muchos
más, y no me olvido de ellos: Alejandra, Laura, Caravaca y nuestro amigo y
coetáneo mío, Cerré.
Porque
esta organización también es eso: saber nombrar a quienes no están y sentirlos
igualmente cerca.
Y
permitidme ahora abrir el foco. Quiero acordarme de todas y todos los afiliados
y afiliadas de Comisiones Obreras. De quienes estáis hoy aquí, de quienes
estuvieron antes, y de quienes estoy convencido que seguiremos siendo. Y, sobre
todo, de aquellas y aquellos que habéis llegado al convencimiento de que CCOO,
más que unas siglas, es un instrumento útil para luchar por la mejora de
vuestras condiciones. Porque fuimos, somos y seremos un instrumento efectivo en
la mejora de las condiciones de trabajo y en la garantía de la seguridad. Una
seguridad entendida no solo como normas o protocolos, sino como cuidado,
dignidad y protección real de las personas.
Eso
es continuidad. No que todo siga igual, sino que lo importante no se pierda.
Que la memoria no pese, que el poder no se privatice, y que el futuro no dé
miedo.
El
mundo del trabajo ha cambiado: es más frágil, más rápido, más individual. Y
precisamente por eso, un sindicato que cuide, que escuche y que esté sigue
siendo imprescindible.
Hoy
no hablamos de finales. Hablamos de tiempo compartido. Del que fue, del que es,
y del que vendrá mientras haya alguien dispuesto a dar un paso al frente por
los demás. Y poder decir todo esto aquí, mirando a esta sala, sabiendo que hay
hilo, sentido y futuro, es —de verdad— todo un placer.
Así
que brindemos. Por la memoria que nos sostiene, por el poder colectivo que nos
cuida, y por el futuro que seguimos construyendo juntos.
Salud, compañeras y compañeros, y felices fiestas.
(En el texto de Antonio falta mencionar
a Pedro Miguel González <Pery> que también estuvo presente y, asimismo, a
<el Dindi> Eduardo Saborido hijo)
Algunos de los jubilados que aparecen
en las imágenes anteriores habían participado en el Encuentro de la Peña QUE
BIEN TE VEO celebrado el día 10 de diciembre:






















































































