domingo, 4 de enero de 2026

Consternación y gran pena en el ámbito de la aeronáutica sevillana por la muerte de José Antonio Romero Herrera, Manolín, (25-julio-1957 // 31-diciembre-2025). Muy buena persona y excelente compañero que deja una huella imborrable para toda la gente que lo conocimos.

 Ayer le dimos el último adiós en un sepelio laico al compañero Manolín, como le llamábamos afectuosamente. La capilla del tanatorio de San Jerónimo estuvo completamente llena de familiares, amig@s y compañeros de las factorías sevillanas donde compartimos con él las tareas laborales. Hubo tres intervenciones recordando su trayectoria vital, en representación de la familia Carlos del Río -su cuñado- leyó el siguiente texto:

 

CEREMONIA DE DESPEDIDA DE JOSÉ ANTONIO (MANOLIN).

                               (Su cuñado Carlos del Río)

Buenas tardes, en nombre de toda la familia de José Antonio os damos las gracias por estar hoy aquí compartiendo este momento lleno de emoción, desde el respeto, el recuerdo y el cariño hacia su persona.

Seguro que todos compartimos que no es fácil encontrar palabras cuando la ausencia y la pena pesan tanto, pero estar aquí juntos ya dice mucho; nos dice cuánto amor, agradecimiento y admiración sentíamos hacia él y cuánta suerte hemos tenido por coincidir en el tiempo y en el lugar, permitiéndonos a todos ser mejores personas cuando nos regalaba su presencia.

Quizá mucha gente conozca de lo que voy a hablar ahora, pero me apetece recordar de él pasajes bonitos que han marcado su vida desde que llegó a Sevilla, de su pueblo, Marchena, al que nunca olvidaba y del que tan orgulloso se sentía.

Su niñez la pasó en Sevilla; después, su juventud la repartió entre la Universidad Laboral y los fines de semana en el barrio del Plantinar y San Bernardo, antes Cortijo Maestro Escuela, lo que hoy es Edificio Sevilla 1 y la Enramadilla.

Allí formó parte de una pandilla de amigos y amigas que aún lo recuerdan con cariño, y se demuestra porque muchos de ellos están hoy aquí presentes, a pesar del tiempo transcurrido.

En esa pandilla de amigos conoció a Mari Carmen, su mujer, con la que ha compartido toda su vida, primero en Carretera Carmona y después en su casita de Sevilla Este, donde tantos momentos felices han vivido junto a su familia más cercana. Y a la que, conociéndolo, desearía que viviera el resto de su vida feliz, superando todos los obstáculos, apoyada en su hija, su nieto, su hermana. Le desearía que cambiara la tristeza de hoy por un mañana lleno de ilusiones nuevas y ganas de vivir.

Llegó su hija Emi, la que siempre sería su niña, a la que educó para que se enfrentara a la vida con fortaleza y sin miedos, y lo ha conseguido, porque ahora ella es un ejemplo de emprendimiento, de valor e inteligencia, además de una excelente madre y persona.

Emi le ha dado un nieto, Manuel, su debilidad y su felicidad más absoluta, y al que recordaremos cada día la persona tan maravillosa que era su abuelo.

Sus padres abandonaron este mundo estando muy orgullosos de él.

Su hermana seguirá devorando libros y en cada página que pase pensará en su hermano José Antonio.

Sus sobrinos y el resto de la familia lloraremos por su ausencia, pero encontraremos el alivio en su recuerdo y en tantos momentos vividos a su lado, que ya son huellas imborrables en nuestra memoria.

Su vida laboral la repartió entre Tablada, Getafe y San Pablo, lugares donde dejó su sello e impronta.

Hoy aquí hay muchos compañeros que podrían contarnos mil anécdotas junto a él, y estoy seguro de que el corazón de todos ellos ha quedado marcado para siempre por su recuerdo.

Ayer oí a uno de ellos decir que estaba orgulloso de haberle tenido como compañero y que para él fue todo un maestro y un ejemplo.

Entre ellos dejó de ser José Antonio para convertirse en Manolín.

Ya jubilado, a estos compañeros no los olvidó ni ellos a él.

Era organizador de encuentros y eventos donde se reunían y, con la excusa de recordar batallitas, disfrutaban de una comida propia de paladares exquisitos, siempre con ese ambiente tranquilo que inspiraba su presencia.

Ni Sevilla, ni Betis, ni Semana Santa, ni Feria. José Antonio era un sevillano que jugaba otras cartas, marcó diferencias, tenía otras pasiones: el deseo de conocer, de saber, de ser curioso, de bichear en la historia.

Tenía ansias por hacer cosas que aumentaran su cultura.

En un país donde todos sabemos de todo, te encontrabas con que él sí sabía de todo y siempre con una aplastante humildad.

Practicaba la lectura de manera empedernida: Cervantes, Galdós, casi todos los clásicos pasaron por sus manos y junto a ellos vivió cientos de vidas y mil y una aventuras.

Era dueño de un ebook con miles de títulos que devoraba con ansia infinita.

Recuerdo su amor por las cosas diferentes; le gustaba lo novedoso.

No olvido sus motos, que cambió después por una bicicleta eléctrica.

Su caravana, con la que recorrió parte de Europa.

Una zodiac que utilizó en las playas de Huelva hasta que un día nos quedamos sin combustible; ese día fue su final como marino.

Esto demuestra que le gustaba vivir nuevas experiencias.

Amante de la libertad individual y colectiva.

Dejaba vivir.

Facilitaba la vida de todos.

Disfrutaba aportando cualquier cosa que hiciera más felices a los demás.

Generoso y justo.

Gran marido y padre.

Comprometido y firme con sus ideas.

Sindicalista cuando en un tiempo consideró importante la lucha en favor de los compañeros.

Comprometido también con la lucha del pueblo saharaui, con los que colaboró en multitud de campamentos de verano, ayudando de manera especial a Malaini, un niño con las mismas necesidades que los nuestros, pero carente de todo.

Ese niño, si pudiéramos preguntarle por él, seguro que nos diría que tiene dos familias: una en el Sáhara, su tierra, y otra en Sevilla, con sus padres adoptivos Jose y Mari Carmen.

Resumida así su vida, seguro que todos los que hemos tenido la suerte de relacionarnos con él coincidimos en lo mismo: que fue un ser especial y excepcional, y aunque sentimos tristeza, porque la ausencia duele, nos llena su afecto y los momentos vividos a su lado, que ahora cobran un valor especial.

José Antonio lo resumía todo en un pensamiento atribuido a Mario Benedetti, y dice así:
“No siempre se calla para guardar silencio, se calla para conservar la paz. A veces estar en paz es mejor que tener razón”.

Demuestra así José Antonio su inteligencia, su saber estar como hombre de paz, pragmático y de gran experiencia en la vida, sobre todo en estos tiempos que corren de tanta polarización y desencuentros.

Él recuerda así que la concordia y el encuentro llegan cuando compartimos ideas y pensamientos y no cuando pensamos que el poder de la razón siempre está de nuestra parte.

Por eso hoy podemos hacer diferentes cosas: llorar porque se ha ido y también, al mismo tiempo, reír porque ha vivido junto a nosotros.

Podemos cerrar los ojos y desear que vuelva o podemos abrirlos y contemplar todo lo que ha dejado;

podemos sentir nuestros corazones vacíos porque no lo podemos ver o tenerlos llenos por todo el amor que compartimos;

podemos llorar, cerrar nuestras mentes, sentir el vacío y dar la espalda,

o podemos hacer lo que de verdad a él le gustaría: sonreír, abrir los ojos, amar y, como él hacía siempre, seguir adelante.

Gracias, José Antonio, por darnos tanto, por dejarnos este recuerdo lleno de vida, por recordarnos que hay que querer, soñar, saber vivir y siempre sin perder el estilo y la personalidad.

Tu mujer, tu hija, tu yerno, tu nieto, tu hermana, tus sobrinos, todos tus familiares, todos tus amigos, ahora te decimos adiós, pero eso no significa olvidarte; todo lo contrario, porque, aunque la vida continúe, todos vamos a tener mil motivos para recordarte con este amor inmenso que sentíamos por ti. Que tu recuerdo nos acompañe como una luz tranquila, de esas que no deslumbran, pero que siempre guían mostrando un camino seguro.

Siempre te sentiremos cerca.

Gracias cuñado, has sido un gran amigo para mí, para Emi y un tío excepcional e inolvidable para mis hijos.

De nuevo, a todos los aquí presentes y en nombre de toda la familia de José Antonio, gracias por acompañarnos en este duro momento.

Descansa en paz, José Antonio.


Han sido varias decenas las condolencias en las redes sociales que han coincidido en resaltar la gran persona que hemos perdido y su comportamiento ejemplar. Compañero de trabajo afable, entrañable, humilde, culto y siempre dispuesto a ayudar a los demás. En las siguientes imágenes se reflejan algunas de las épocas de su vida y a varios de l@s compañer@s con l@s que compartió días de compromiso social y también de disfrutes cuando ya estaba jubilado.

Además del texto de Carlos del Río representando a la familia en el sepelio laico hubo dos intervenciones de compañeros jubilados: Miguel Álvarez Nogales y Manuel Raya Gil. Entre los dos resaltamos el privilegio que supone haberlo conocido y formar parte de su trayectoria y, así mismo, comentamos algunas anécdotas que evidenciaron su calidad humana.

Por ejemplo cuando trabajaba en las oficinas del Departamento de Recursos Humanos (RR.HH.) y renunció a unas condiciones laborales cómodas marchando al taller afrontando la realización de trabajos mucho más duros. En Tablada estuvo en la Nave Vieja (piezas elementales) y en la Nave Nueva (zona de maquinaria). Trabajó en Getafe y después pasó a la F.A.L. de San Pablo Sur. En cada lugar tuvo que hacer reciclajes profesionales para adaptarse a las diferentes tareas industriales.

Es resaltable su defensa de la identidad andaluza como reflejan las fotos de la Marcha a Madrid el 28 de septiembre de mil novecientos ochenta y cuatro, ese día desde el primer momento enarboló una bandera de Andalucía portándola durante toda la manifestación.

En los últimos años -una vez jubilado- destacó en promover encuentros de compañeros donde se le veía feliz y entusiasta disfrutando junto a los demás y comprobando como el compañerismo forjado en la fábrica florecía en amistad imperecedera con los contactos mensuales.

Es una pena que ya no pueda seguir disfrutando de la jubilación y que con 68 años haya fallecido de forma inexplicable hasta el día de hoy.

Siempre lo recordaré como un hombre con firmes convicciones ideológicas y como un trabajador con conciencia de clase.

 ¡Hasta siempre compañero Manolín!






Marcha en Madrid. 28 de septiembre de 1984






           Candidatura de CC.OO. de CASA Tablada a finales de la década de los años 80.



Bar La Paraíta en Parque Alcosa. 2016 Homenaje de jubilación de Angel Nogales Moreno.


Peña Gastronómica QUE BIEN TE VEO. Club Social de Airbus en Mairena del Aljarafe.















 

 

 

domingo, 21 de diciembre de 2025

Cientos de compañer@s se han encontrado en Diciembre en las comidas de Navidad.

Habitualmente las comidas de Navidad se celebran juntando a compañer@s de las diferentes secciones de trabajo, grupos de jubilad@s y Colectivos surgidos por la coincidencia laboral durante muchos años en las zonas de trabajo de las distintas factorías.

En algunos casos se difunden y comparten fotos en las redes sociales, lo cuál amplifica la difusión de los encuentros propiciando saludos y comentarios favorables para las personas que aparecen en las imágenes.

Este año el compañero Antonio Aguilera ha publicado un reportaje de fotos con un emotivo texto sobre el Encuentro de la sección sindical de CC.OO. de Tablada que se celebró el día 18 del mes en curso. Lo difundo a continuación:

Antonio Aguilera Ramos

reoptsnSod95573e1m0ap2:381aa r s a5g1d014i1i09f d68  mmig10i11g286al12a.c0tehlb.h e ·(enlace a la publicación)

Compañeras y compañeros, en estas Navidades, al reunirnos, es inevitable hablar de memoria, de poder colectivo y, sobre todo, de futuro. Pero no desde la nostalgia, sino desde lo vivido, desde lo compartido, desde lo que nos ha traído hasta aquí. Porque Comisiones Obreras no se explica sin personas que, en su momento, entendieron que organizarse no era cómodo, pero sí necesario. Que los derechos no caían del cielo. Y que el miedo, cuando se comparte, pesa menos.

Esa es la memoria que importa. La que no se guarda en un cajón. La que se practica. Y desde ahí, hablemos del poder, sin miedo a la palabra.

CCOO siempre ha tenido poder. No el del despacho, sino el de estar, el de aguantar, el de decir “hasta aquí” cuando hacía falta. Un poder colectivo, a veces incómodo, pero profundamente útil.

Nada de eso existiría sin sustrato, sin suelo firme. Ahí están Saborido, Paco Acosta y Miguel Nogales, Tejada, Raya, Jaime… y nuestro Pepe García, con perdón, a quien siempre querré y admiraré. No como pasado cerrado, sino como una forma de hacer sindicalismo con firmeza, con cercanía y con verdad.

Ellos hicieron suelo. Y cuando hay suelo, se puede caminar. Sobre ese suelo vinieron otros. Ricardo y Baus, leyendo bien los tiempos, sujetando cuando tocaba sujetar y empujando cuando era necesario empujar. Y después, con naturalidad, Raúl y quien os habla, Aguilera. No como final de nada, sino como parte del hilo. Porque aquí nadie empieza desde cero y nadie camina solo.

Y en esa misma lógica de continuidad quiero mantener un momento especial para saludar y reconocer a mi compañero José Antonio Ortega, “El Niño”. Siempre cercano, siempre comprometido, una pieza importante en este camino colectivo. Tu esfuerzo, tu presencia y tu energía nos recuerdan que CCOO se sostiene en personas como tú.

Para mí, esa continuidad se entiende muy bien mirando a mi amigo Alfonso, que ha sido llamado a las alturas. No a desaparecer, sino a asumir un cargo mayor, a seguir empujando desde otro lugar.

Cuando alguien como Alfonso da ese paso, la organización no se debilita: se ensancha. Y la continuidad sigue clara en Roberto y Manuel. Sí, ahora es vuestro tiempo. No porque otros se vayan, sino porque habéis llegado. Porque habéis estado, habéis aprendido y ahora asumís.

Como es también el tiempo de mi amiga Ana, de mi amiga Adela y de mi amigo Escobar. Personas distintas, miradas distintas, pero una misma manera de entender el sindicalismo. Todo un placer caminar con vosotros.

Hoy quiero tener también un recuerdo sincero para quienes, por motivos diversos, no han podido estar aquí: Para Pepillo, algo griposo. Y para quienes siempre están, aunque no puedan venir. Y muy especialmente para mi amiga María del Carmen, siempre presente en lo esencial aunque, Dios mediante, hoy ausente y, aunque no creyente, goza de lo reservado a los que han sido buenos o buenas en el buen sentido de la palabra marcharina; en ello confío, en el merecido cielo reservado a aquellas personas que aquí lucharon por los demás. Faltan muchos más, y no me olvido de ellos: Alejandra, Laura, Caravaca y nuestro amigo y coetáneo mío, Cerré.

Porque esta organización también es eso: saber nombrar a quienes no están y sentirlos igualmente cerca.

Y permitidme ahora abrir el foco. Quiero acordarme de todas y todos los afiliados y afiliadas de Comisiones Obreras. De quienes estáis hoy aquí, de quienes estuvieron antes, y de quienes estoy convencido que seguiremos siendo. Y, sobre todo, de aquellas y aquellos que habéis llegado al convencimiento de que CCOO, más que unas siglas, es un instrumento útil para luchar por la mejora de vuestras condiciones. Porque fuimos, somos y seremos un instrumento efectivo en la mejora de las condiciones de trabajo y en la garantía de la seguridad. Una seguridad entendida no solo como normas o protocolos, sino como cuidado, dignidad y protección real de las personas.

Eso es continuidad. No que todo siga igual, sino que lo importante no se pierda. Que la memoria no pese, que el poder no se privatice, y que el futuro no dé miedo.

El mundo del trabajo ha cambiado: es más frágil, más rápido, más individual. Y precisamente por eso, un sindicato que cuide, que escuche y que esté sigue siendo imprescindible.

Hoy no hablamos de finales. Hablamos de tiempo compartido. Del que fue, del que es, y del que vendrá mientras haya alguien dispuesto a dar un paso al frente por los demás. Y poder decir todo esto aquí, mirando a esta sala, sabiendo que hay hilo, sentido y futuro, es —de verdad— todo un placer.

Así que brindemos. Por la memoria que nos sostiene, por el poder colectivo que nos cuida, y por el futuro que seguimos construyendo juntos.

Salud, compañeras y compañeros, y felices fiestas. 

(En el texto de Antonio falta mencionar a Pedro Miguel González <Pery> que también estuvo presente y, asimismo, a <el Dindi> Eduardo Saborido hijo)

 













Algunos de los jubilados que aparecen en las imágenes anteriores habían participado en el Encuentro de la Peña QUE BIEN TE VEO celebrado el día 10 de diciembre:

 



 Anteriormente, el día 4, el Colectivo Los Máquinas celebró el Encuentro anual y difundieron varias fotos de dicho día:

 











 En todos los encuentros se brindó por l@s compañer@s que ya no están físicamente entre nosotros pero que son –y serán- inolvidables siempre.