En el contexto de ofensiva de la derecha y la extrema derecha contra los avances sociales y culturales conseguidos por la izquierda, ha sido noticia en septiembre un escrito publicado por 60 policías (entre ellos antiguos comisarios e inspectores jefes) que habían trabajado -durante la dictadura franquista- en la Comisaría de la Policía Nacional situada en la Plaza de la Concordia, popularmente conocida como La Gavidia.
Solicitan
estos exfuncionarios la derogación como Lugar de Memoria Democrática, aprobada
por La Junta de Andalucía, y asimismo que el Alcalde de Sevilla impida la
instalación de cualquier muestra o exposición que contenga alguna referencia
histórica.
En
definitiva lo que exigen especialmente al Partido Popular (ahora que gobierna
con Vox) es que se incumpla la legislación democrática y los acuerdos adoptados
en 2017 por los gobiernos de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento de
Sevilla, respectivamente.
Artículo en el diario Público el día 26 de septiembre de 2026 :
Víctimas,
colectivos de memoria y CCOO luchan por preservar la huella de la represión del
movimiento obrero en Sevilla
Una carta de policías que
pretende ocultar la represión y las torturas que se produjeron durante la etapa
franquista en la comisaría de La Gavidia sacude a las víctimas y lleva al
movimiento memorialista a actuar.
Sevilla-26/09/2026 20:30-Actualizado a26/09/2026
20:56
Esta semana un grupo de 60
policías y familiares de agentes han reclamado al Gobierno andaluz, según
publicaron los periódicos ABC y Diario de Sevilla,
que rectifique esa declaración y tratan ahora de borrarla porque, afirman,
"mancha" el buen nombre y la trayectoria profesional de quienes han
trabajado allí. La petición coincide con la entrada de Vox
en el Gobierno andaluz y con el debate sobre qué hacer ahora con el
espacio, en el que, en principio, está previsto un centro de interpretación de
lo que allí sucedió, que depende del Ayuntamiento de Sevilla, gobernado por PP
y Vox. El sindicato CCOO, que impulsó esa declaración como lugar de memoria,
prepara movilizaciones para que se respete el espacio y efectivamente se monte
ese centro.
"[En la comisaría]
trabajaban muchos policías. No quiere decir que fueran todos los que ejercieron
esos actos de represión. Hablamos de la Brigada Político Social, que luego pasó
a llamarse Brigada de Investigación Social y después de Información. Es ese
proceso de blanqueo del franquismo a partir de los años 60 en que necesita
abrirse al mundo y cambian los nombres, pero no cambia mucho más, esto era la
policía política franquista. Eso era un equipo. Los policías que estaban
haciendo el carné y otros que trabajaban allí no torturaban. Pero del equipo de
la brigada, conocemos todos los nombres, hay un expediente de las detenciones
del 70-71 y aparece el equipo completo. Y hay testimonios. Esta verdad no se puede ocultar",
afirma a Público Eloisa Baena Luque, doctora en historia, hasta hace unos
meses encargada del archivo histórico de CCOO. También es coautora del
estudio, coordinado por Alfonso Martínez Foronda,
La dictadura en la dictadura, detenidos, deportados y torturados
en Andalucía durante el Estado de Excepción de 1969. En ese volumen,
se recogen, en efecto, los nombres y apellidos de aquellos policías. También en
ese documento que señala Baena.
Según recoge ABC, los agentes que reclaman eliminar la consideración
de lugar de memoria, sostienen que durante los años de la dictadura franquista
en los que funcionó la comisaría, la Policía Nacional "se limitaba a
cumplir las leyes establecidas, algunas de las cuales estaban vigentes en la II
República, como la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, el Tribunal de
Orden Público [el TOP, instrumento central de la represión] y disposiciones
penales sobre derechos de reunión y manifestación". Los firmantes
consideran que debe ser la Justicia el estamento que "determine la
supuesta represión y torturas que aseguran se produjeron" en los calabozos
de la Gavidia. "Ningún policía de la Gavidia
fue condenado judicialmente", defienden.
Los hechos, por el contrario,
son estos. La comisaría de la Gavidia se inauguró a principios de los años 60,
cuando empezaba a resurgir un incipiente movimiento obrero en Sevilla, según explica Baena Luque. "Entre los años 68 y 71 hay
muchas movilizaciones y ahí es donde se producen muchas detenciones y
torturas", expone la historiadora. "Todo el resurgimiento del
movimiento obrero pasó por allí. Y si no, estaba en la puerta esperando a ver
qué pasaba. Fue un centro de tortura. Todo [detenido por propaganda
sindical o política] que pasó por la Gavidia fue torturado, de una manera o de
otra. Psicológicamente todos y otros golpeados, tortura física", afirma.
La Convención contra la Tortura
y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de Naciones Unidas
define en su artículo 1 la tortura de esta manera: "Todo acto por el cual
se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos
graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o
de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya
cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa
persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de
discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean
infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio
de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o
aquiescencia". Luego añade: "No se considerarán torturas los dolores
o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que
sean inherentes o incidentales a éstas".
Todo arranca desde el momento
en que se entra en esos calabozos "sucios y cerrados", según Baena.
Así se describe en el libro La dictadura en la
dictadura: "El calabozo era rectangular, de unos cuatro metros
cuadrados. Al fondo, un poyete con losetas servía de cama y, por delante, una reja de hierro como único punto de ventilación y de entrada de
la luz artificial. Como única protección ante el frío del invierno
sevillano, una manta". "Cada vez que oía el timbre era algo
tenebroso, era el principio de Pavlov de causa-efecto. Oía el timbre y me
recordaba a tortura. Y durante años cada vez que oía un timbre de aquellos me
recordaba la tortura", expone Francisco Sánchez Legrán,
miembro en aquellos años de las Juventudes Comunistas y las CCOO
juveniles.
Este asegura en conversación
telefónica con Público que le aplicaron
"lo que se llamaba la rueda". "Cuatro
policías" le iban dando por turnos "patadas y puñetazos". Así
durante "media hora, una hora". "Luego —recuerda Legrán— al
calabozo y te llamaba otro policía, que se hacía el bueno, que te manipulaba y
no te pegaba y como no lograba que diera nombres, me bajaban otra vez [al
calabozo] y luego me subían y así seguía la tortura. Me reventaron parte de las
piernas, los labios, la nariz, tenía el cuerpo lleno de hematomas de las
patadas y podían hacer daño. Mi abrigo estaba lleno de sangre cuando salí de la
comisaría al juzgado a que me viera el juez". El juez, asegura, ni le
miró.
"La práctica de la
tortura, como expresión de la violencia política estatal, nunca estuvo
tipificada como delito ni existió un contexto legal que permitiera su
investigación o prevención. La tortura fue práctica
habitual hasta el final de la dictadura e incluso durante los años de la
transición política a la democracia en España. La práctica de
la tortura y los malos tratos tuvo un carácter habitual y hecho de manera
impune en las detenciones de los miembros de la oposición política y
sindical", recoge el estudio El franquismo y la violación
sistémica de los derechos humanos, elaborado por José Babiano Mora,
de la Fundación 1º de Mayo, Gutmaro Gómez Bravo, profesor en la Universidad
Complutense de Madrid, Antonio Míguez Macho, de la Universidade de Santiago y
Javier Tébar Hurtado, de la Universitat Autónoma de Barcelona.
Legrán recuerda de este modo
aquellos años: "Era habitual que cuando se detenía a alguien por pegar
carteles o con letreros o en una protesta de despidos de trabajadores o
pedíamos el derecho de huelga y la libertad sindical, sufriera amenazas y palizas.
Era una sistemática de torturas que llegaban a extremos para que
tuviéramos miedo y dijéramos los nombres de personas y dirigentes y
así poder seguir las redadas". "Las Brigadas Regionales de
Investigación Social, conocidas como Brigada Político-social, contaban con una
red de colaboradores y confidentes en los barrios y las escaleras de vecinos,
los centros de trabajo y en los espacios de sociabilidad", se puede leer
en el estudio El franquismo y la violación sistémica de
los derechos humanos.
"Hasta 72 horas podías
estar detenido. Quien pasaba del calabozo de La Gavidia a la cárcel, estaba
tranquilo, porque allí estabas detenido, pero no te pegaban. Los estados de
excepción, empero, liquidaban ese límite de 72 horas y la Policía podía retener
a cualquiera por más tiempo", afirma Baena. Eso le sucedió, por ejemplo, a
Francisco Rodríguez Martín, quien "durante su
estancia en la comisaría de Gavidia, en la que permaneció durante 18 días antes
de ingresar en prisión, sufrió palizas que le produjeron siete perforaciones de
tímpano", según recoge un trabajo de la Fundación Pablo Iglesias. Así lo
corrobora también Legrán en conversación con Público.
"Durante los sucesivos estados de excepción a los que el Régimen recurrió
para luchar contra la disidencia política: 1956, 1958, 1962, 1967,
1968, 1969, 1970 y 1975 fueron establecidos largos meses durante los cuales el
límite de las 72 horas fue eliminado", señala el estudio El franquismo y la violación sistémica de los derechos
humanos. "Esta dictadura —recoge este trabajo— fue el escenario de torturas generalizadas para miles de detenidos,
amparadas en la impunidad más absoluta. Los malos tratos se podían
producir en cualquier momento. Durante el traslado a comisaría, los vehículos
camuflados de la BPS [Brigada Político Social] podían ser el escenario de los
primeros golpes indiscriminados, en caliente. Pero el espacio de tortura por
antonomasia fueron las Jefaturas de Policía [como la Gavidia] o los cuarteles
de la Guardia Civil".
Las mujeres también pasaron por
La Gavidia, se las insultaba y se las vejaba, según Baena. Kechu Aramburu, estudiante en aquellos años, fue una de
ellas. "Ellos no jugaban. [Daban] con la correa, bofetadas, nos tiraban al
suelo, daban patadas. Nos hacían daño de forma medida, nos hacían
amenazas de muerte, de tirarnos por las ventanas. Había un maltrato psicológico
y físico. Llevaban guantes para que no se quedaran marcas ni huellas. Eran
profesionales, no eran aprendices del asunto de los maltratos. No llevabas
moretones, salvo algún desquicie. De eso se trataba, de asustarnos y expandir
los miedos", afirma a Público.
Para Legrán, la carta de los
policías quiere "ocultar algo tan sencillo y real como que
allí se maltrataba y torturaba a gente", lo que era
"normal en la dictadura". "Es algo extraño. Comprendo que se
puede ser una persona de derechas y de ideología muy radical de derechas, pero
cuando uno ha vivido lo que ocurría allí uno espera que haya, como en Alemania,
un recuerdo y que la gente lo sepa y no por eso hay que culpar a
nadie en estos momentos. Negar eso es una cobardía". Aramburu
reflexiona: "El tema es muy elemental. Los pueblos que viven sin su
memoria están condenados a no tener una existencia. Hay que frenar
estas cosas, todo. Lo que signifique memoria democrática, estamos obligados a
cuidarlo. Espero que seamos fuertes y no se quiebre un pasado".
Para Carlos Aristu, secretario
general de CCOO en Sevilla "que funcionarios públicos quieran tratar de
invisibilizar lo que recoge una ley de memoria, y que es un consenso democrático
es reflejo del momento cultural y político que vivimos".
"Pero luego —añade Aristu— es que esto conecta con lo que
tenemos en el Ayuntamiento de Sevilla ahora mismo, que está gobernado por un PP
necesitado de Vox. Y el próximo 21 de octubre nos vamos a movilizar
porque el riesgo que hay ahora es que no se dedique ni un euro a dotar de
contenido a ese espacio y que la ciudadanía pueda conocer lo que es cultura
democrática".
El acuerdo que declara los
calabozos como lugar de memoria recoge lo siguiente: "El espacio inscrito será susceptible de ser tratado como local
independiente del resto del edificio, disponiendo de un acceso específico desde la Plaza de la Concordia,
reservando para ello una zona tanto en planta baja como en semisótano. La superficie aproximada ocupada por esta parte de los
calabozos de la antigua Jefatura superior de Policía, así como el espacio reservado para el acceso independiente desde
la vía pública, es de 215 m2. Respecto a las posibles medidas que,
en su caso, fueren necesarias para la protección y conservación
del bien, se estiman necesarias la señalización del lugar
como referente de Memoria Democrática para el recuerdo general, así como la conservación de los elementos y vestigios que sirvan de
testimonio de los hechos históricos en defensa de los valores democráticos
que allí acontecieron".
Para la Federación Andaluza de
Memoria Democrática el cumplimiento por parte de Ayuntamiento de Sevilla y
Junta de Andalucía de lo estipulado "no se puede ver amenazado
por un grupo de antiguos agentes de policía jubilados".
"Apremiamos a Ayuntamiento y Junta a que mantengan su compromiso con la
protección de La Gavidia y no entren en el juego de un grupo de antiguos
funcionarios, que no representan a todo el cuerpo policial. La Policía de hoy no debe ser identificada con las prácticas
represivas de una dictadura, del mismo modo que la conservación de
un lugar de memoria no supone acusar individualmente a todas las personas que
prestaron servicio en él", asegura la Federación en un comunicado.
"La Declaración como Lugar
de Memoria, está destinada a preservar los lugares vinculados a hechos
relevantes para el conocimiento y la defensa de los valores democráticos, con
su correspondiente protección dentro del patrimonio cultural andaluz, por
tanto, no se trata de una iniciativa dirigida contra una institución o contra
quienes desempeñaron su trabajo en ella. Es un lugar de conocimiento,
no de enfrentamiento", considera la Federación.
Video de la Fundación de Estudios Sindicales y Cooperación de CC.OO. de Andalucía. Filmado por Intermedia Producciones:









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