Ayer le dimos el último adiós en un sepelio laico al compañero Manolín, como le llamábamos afectuosamente. La capilla del tanatorio de San Jerónimo estuvo completamente llena de familiares, amig@s y compañeros de las factorías sevillanas donde compartimos con él las tareas laborales. Hubo tres intervenciones recordando su trayectoria vital, en representación de la familia Carlos del Río -su cuñado- leyó el siguiente texto:
CEREMONIA
DE DESPEDIDA DE JOSÉ ANTONIO (MANOLIN).
(Su cuñado Carlos
del Río)
Buenas
tardes, en nombre de toda la familia de José Antonio os damos las gracias por
estar hoy aquí compartiendo este momento lleno de emoción, desde el respeto, el
recuerdo y el cariño hacia su persona.
Seguro
que todos compartimos que no es fácil encontrar palabras cuando la ausencia y
la pena pesan tanto, pero estar aquí juntos ya dice mucho; nos dice cuánto
amor, agradecimiento y admiración sentíamos hacia él y cuánta suerte hemos
tenido por coincidir en el tiempo y en el lugar, permitiéndonos a todos ser
mejores personas cuando nos regalaba su presencia.
Quizá
mucha gente conozca de lo que voy a hablar ahora, pero me apetece recordar de
él pasajes bonitos que han marcado su vida desde que llegó a Sevilla, de su
pueblo, Marchena, al que nunca olvidaba y del que tan orgulloso se sentía.
Su
niñez la pasó en Sevilla; después, su juventud la repartió entre la Universidad
Laboral y los fines de semana en el barrio del Plantinar y San Bernardo, antes
Cortijo Maestro Escuela, lo que hoy es Edificio Sevilla 1 y la Enramadilla.
Allí
formó parte de una pandilla de amigos y amigas que aún lo recuerdan con cariño,
y se demuestra porque muchos de ellos están hoy aquí presentes, a pesar del
tiempo transcurrido.
En esa
pandilla de amigos conoció a Mari Carmen, su mujer, con la que ha compartido
toda su vida, primero en Carretera Carmona y después en su casita de Sevilla
Este, donde tantos momentos felices han vivido junto a su familia más cercana.
Y a la que, conociéndolo, desearía que viviera el resto de su vida feliz,
superando todos los obstáculos, apoyada en su hija, su nieto, su hermana. Le
desearía que cambiara la tristeza de hoy por un mañana lleno de ilusiones
nuevas y ganas de vivir.
Llegó
su hija Emi, la que siempre sería su niña, a la que educó para que se
enfrentara a la vida con fortaleza y sin miedos, y lo ha conseguido, porque
ahora ella es un ejemplo de emprendimiento, de valor e inteligencia, además de
una excelente madre y persona.
Emi le
ha dado un nieto, Manuel, su debilidad y su felicidad más absoluta, y al que
recordaremos cada día la persona tan maravillosa que era su abuelo.
Sus
padres abandonaron este mundo estando muy orgullosos de él.
Su
hermana seguirá devorando libros y en cada página que pase pensará en su
hermano José Antonio.
Sus
sobrinos y el resto de la familia lloraremos por su ausencia, pero
encontraremos el alivio en su recuerdo y en tantos momentos vividos a su lado,
que ya son huellas imborrables en nuestra memoria.
Su vida
laboral la repartió entre Tablada, Getafe y San Pablo, lugares donde dejó su
sello e impronta.
Hoy
aquí hay muchos compañeros que podrían contarnos mil anécdotas junto a él, y
estoy seguro de que el corazón de todos ellos ha quedado marcado para siempre
por su recuerdo.
Ayer oí
a uno de ellos decir que estaba orgulloso de haberle tenido como compañero y
que para él fue todo un maestro y un ejemplo.
Entre
ellos dejó de ser José Antonio para convertirse en Manolín.
Ya
jubilado, a estos compañeros no los olvidó ni ellos a él.
Era
organizador de encuentros y eventos donde se reunían y, con la excusa de
recordar batallitas, disfrutaban de una comida propia de paladares exquisitos,
siempre con ese ambiente tranquilo que inspiraba su presencia.
Ni
Sevilla, ni Betis, ni Semana Santa, ni Feria. José Antonio era un sevillano que
jugaba otras cartas, marcó diferencias, tenía otras pasiones: el deseo de
conocer, de saber, de ser curioso, de bichear en la historia.
Tenía
ansias por hacer cosas que aumentaran su cultura.
En un
país donde todos sabemos de todo, te encontrabas con que él sí sabía de todo y
siempre con una aplastante humildad.
Practicaba
la lectura de manera empedernida: Cervantes, Galdós, casi todos los clásicos
pasaron por sus manos y junto a ellos vivió cientos de vidas y mil y una
aventuras.
Era
dueño de un ebook con miles de títulos que devoraba con ansia infinita.
Recuerdo
su amor por las cosas diferentes; le gustaba lo novedoso.
No
olvido sus motos, que cambió después por una bicicleta eléctrica.
Su
caravana, con la que recorrió parte de Europa.
Una
zodiac que utilizó en las playas de Huelva hasta que un día nos quedamos sin
combustible; ese día fue su final como marino.
Esto
demuestra que le gustaba vivir nuevas experiencias.
Amante
de la libertad individual y colectiva.
Dejaba
vivir.
Facilitaba
la vida de todos.
Disfrutaba
aportando cualquier cosa que hiciera más felices a los demás.
Generoso
y justo.
Gran
marido y padre.
Comprometido
y firme con sus ideas.
Sindicalista
cuando en un tiempo consideró importante la lucha en favor de los compañeros.
Comprometido
también con la lucha del pueblo saharaui, con los que colaboró en multitud de
campamentos de verano, ayudando de manera especial a Malaini, un niño con las
mismas necesidades que los nuestros, pero carente de todo.
Ese
niño, si pudiéramos preguntarle por él, seguro que nos diría que tiene dos
familias: una en el Sáhara, su tierra, y otra en Sevilla, con sus padres
adoptivos Jose y Mari Carmen.
Resumida
así su vida, seguro que todos los que hemos tenido la suerte de relacionarnos
con él coincidimos en lo mismo: que fue un ser especial y excepcional, y aunque
sentimos tristeza, porque la ausencia duele, nos llena su afecto y los momentos
vividos a su lado, que ahora cobran un valor especial.
José
Antonio lo resumía todo en un pensamiento atribuido a Mario Benedetti, y dice
así:
“No siempre se calla para guardar silencio, se calla para conservar la paz. A
veces estar en paz es mejor que tener razón”.
Demuestra
así José Antonio su inteligencia, su saber estar como hombre de paz, pragmático
y de gran experiencia en la vida, sobre todo en estos tiempos que corren de
tanta polarización y desencuentros.
Él
recuerda así que la concordia y el encuentro llegan cuando compartimos ideas y
pensamientos y no cuando pensamos que el poder de la razón siempre está de
nuestra parte.
Por eso
hoy podemos hacer diferentes cosas: llorar porque se ha ido y también, al mismo
tiempo, reír porque ha vivido junto a nosotros.
Podemos
cerrar los ojos y desear que vuelva o podemos abrirlos y contemplar todo lo que
ha dejado;
podemos
sentir nuestros corazones vacíos porque no lo podemos ver o tenerlos llenos por
todo el amor que compartimos;
podemos
llorar, cerrar nuestras mentes, sentir el vacío y dar la espalda,
o podemos
hacer lo que de verdad a él le gustaría: sonreír, abrir los ojos, amar y, como
él hacía siempre, seguir adelante.
Gracias,
José Antonio, por darnos tanto, por dejarnos este recuerdo lleno de vida, por
recordarnos que hay que querer, soñar, saber vivir y siempre sin perder el
estilo y la personalidad.
Tu
mujer, tu hija, tu yerno, tu nieto, tu hermana, tus sobrinos, todos tus
familiares, todos tus amigos, ahora te decimos adiós, pero eso no significa
olvidarte; todo lo contrario, porque, aunque la vida continúe, todos vamos a
tener mil motivos para recordarte con este amor inmenso que sentíamos por ti.
Que tu recuerdo nos acompañe como una luz tranquila, de esas que no deslumbran,
pero que siempre guían mostrando un camino seguro.
Siempre
te sentiremos cerca.
Gracias
cuñado, has sido un gran amigo para mí, para Emi y un tío excepcional e
inolvidable para mis hijos.
De
nuevo, a todos los aquí presentes y en nombre de toda la familia de José
Antonio, gracias por acompañarnos en este duro momento.
Descansa
en paz, José Antonio.
Además del texto de Carlos del
Río representando a la familia en el sepelio laico hubo dos intervenciones de
compañeros jubilados: Miguel Álvarez Nogales y Manuel Raya Gil. Entre los dos
resaltamos el privilegio que supone haberlo conocido y formar parte de su
trayectoria y, así mismo, comentamos algunas anécdotas que evidenciaron su
calidad humana.
Por ejemplo cuando trabajaba en
las oficinas del Departamento de Recursos Humanos (RR.HH.) y renunció a unas
condiciones laborales cómodas marchando al taller afrontando la realización de
trabajos mucho más duros. En Tablada estuvo en la Nave Vieja (piezas
elementales) y en la Nave Nueva (zona de maquinaria). Trabajó en Getafe y
después pasó a la F.A.L. de San Pablo Sur. En cada lugar tuvo que hacer
reciclajes profesionales para adaptarse a las diferentes tareas industriales.
Es resaltable su defensa de la
identidad andaluza como reflejan las fotos de la Marcha a Madrid el 28 de
septiembre de mil novecientos ochenta y cuatro, ese día desde el primer momento
enarboló una bandera de Andalucía portándola durante toda la manifestación.
En los últimos años -una vez
jubilado- destacó en promover encuentros de compañeros donde se le veía feliz y
entusiasta disfrutando junto a los demás y comprobando como el compañerismo
forjado en la fábrica florecía en amistad imperecedera con los contactos
mensuales.
Es una pena que ya no pueda
seguir disfrutando de la jubilación y que con 68 años haya fallecido de forma
inexplicable hasta el día de hoy.
Siempre lo recordaré como un hombre
con firmes convicciones ideológicas y como un trabajador con conciencia de
clase.
¡Hasta siempre compañero Manolín!
Candidatura de CC.OO. de CASA Tablada a finales de la década de los años 80.
Bar La Paraíta en Parque Alcosa. 2016 Homenaje de jubilación de Angel Nogales Moreno.





.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)


.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpeg)
.jpeg)

Has sido un ejemplo para todos, gracias por enseñarnos que la lectura cura el alma, gracias por estar ahí siempre para nosotros, recordamos mi hermano y yo una infancia tan feliz gracias a ti… cuando era aún muy pequeña un día estando todos reunidos quisiste que comenzara a andar, desde ahí me animaste junto con mi tía a superar obstáculos, y hoy admiro la lucha que mostraste por los derechos de los trabajadores, tu sello andalucista, y los valores que siempre defendiste y es una huella que has dejado y que siempre permanecerá. Gracias por ser familia, echaré de menos contarte con ilusión los viajes que haga, aunque seguiré contándotelo en mi mente, seguiremos recordando anécdotas contigo y el amor de tus sobrinos te seguirá a donde vayas.
ResponderEliminar